La diversificación de mercados y productos es una estrategia que cobra cada vez más protagonismo en el comercio exterior argentino. Exportar a destinos no tradicionales con productos innovadores implica importantes desafíos técnicos, logísticos y culturales, pero también abre nuevas oportunidades para pequeñas y medianas empresas del país. “Una oferta más diversificada es fundamental, ya que permite mantener oferta exportable a pesar de las fluctuaciones de precios internacionales, la obsolescencia de algunos productos o la aparición de nuevos competidores”, aseguró Emma Fontanet, responsable de promoción de comercio internacional de Fundación ICBC. Según la especialista, si bien la Argentina tuvo históricamente una alta concentración de destinos y productos, desde hace quince años se observa una tendencia hacia la diversificación, en especial en alimentos, biotecnología y servicios.
Las pymes argentinas comienzan a mirar hacia África y Asia con una actitud decidida, aunque aún requieren apoyo. “Hace falta que se los acompañe con información. Las exigencias cada vez son más estrictas, incluso en estos mercados”, señaló Enzo Zamboni, presidente de la empresa Diagramma y de la Cámara de Comercio Exterior de Santa Fe (CACESFE). El empresario explicó que productos no tradicionales muchas veces requieren fases de validación tecnológica, aranceles específicos y certificaciones adaptadas a cada país. En este sentido, provincias y municipios también juegan un rol clave en el impulso exportador. “Acompañamos a las pymes interesadas en exportar por primera vez o a desarrollar nuevos mercados, con un importante portfolio de servicios y hasta opciones de financiamiento”, indicó Alejandro Tsolis, secretario de Producción de San Martín.
Casos concretos muestran el potencial de este enfoque. En Venado Tuerto, Maqtec fabrica la única cosechadora de aceitunas del mundo para olivos de gran porte. Desde 2003, su modelo Colossus fue exportado a Australia, España y Sudáfrica. “Fue un gran desafío, que superamos en base a la vocación por innovar y el apoyo financiero del Fondo Tecnológico Argentino (Fontar)”, relató José Mourelle, socio de la firma. Hoy, el nuevo modelo Optimus, lanzado en 2018, ronda los 700 mil dólares y sigue sumando mercados. Por su parte, la empresa Fohama, ubicada en Mataderos, exporta transformadores eléctricos a Egipto, Libia e Irak. “Exportamos a todos los países petroleros del norte de África transformadores para bombas electro-sumergibles”, explicó Gustavo Manfredi, gerente general. La firma produce equipos de hasta 100 toneladas que se venden por hasta 1,5 millones de dólares.
Desde Mendoza, González Reeds encontró su nicho en la música: produce lengüetas de caña para instrumentos de viento. “Nuestro producto es la lengüeta de caña para instrumentos como el clarinete, saxofón, fagot y oboe”, contó Macarena González, socia de la empresa. Exportan el 90% de su producción y poseen cuatro plantaciones ecológicas de caña Arundo Donax. A Corea del Sur comenzaron a vender en 2017, tras el contacto espontáneo de una empresa interesada en revender sin marca. Otro caso es Diagramma, firma santafesina que elabora fermentos y estabilizantes para productos lácteos. “Enviamos por año varios embarques a Perú, con estabilizantes a medida para la empresa Gloria. Cada envío pesa unos 300 kilos y vale unos 18 mil dólares”, explicó Mariela Moretti, gerenta de ventas.
En un contexto desafiante para las exportaciones tradicionales, estas pymes muestran que la apuesta por la innovación y la apertura a nuevos mercados puede ser una vía concreta para sostener el crecimiento y posicionarse globalmente. Aunque el camino exige inversión, asesoramiento y adaptación, los resultados confirman que el esfuerzo vale la pena.





